viernes, 10 de marzo de 2017

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miércoles, 4 de marzo de 2015

Manifiesto por la Refundación del Nacionalismo Patrio (Izquierda Nacional de los Trabajadores, INTRA)



LA MARCA HISPÁNICA

MANIFIESTO POR LA
REFUNDACIÓN

 DEL NACIONALISMO PATRIO


 IZQUIERDA NACIONAL DE LOS TRABAJADORES

(INTRA)

El denominado Reino de España es uno de los pocos países europeos que no ha desarrollado un nacionalismo político normal, moderno, es decir, compartido por la mayoría de los ciudadanos. De hecho, existe un nacionalismo español, pero encerrado en guetos y ámbitos harto minoritarios de la extrema derecha antidemocrática. Este nacionalismo se confunde con la dictadura del general Francisco Franco y otros episodios polémicos de la historia de España.

Para el nacionalismo español actual, ser español significa, en primer lugar, hablar castellano. Si eres español, habla español, sostenía la propaganda del régimen franquista. Cuando un catalán habla catalán es como si hablara un idioma extranjero. El catalán no ha sido considerado una lengua española por parte de los “nacionalistas”, incluso se le ha negado su condición de idioma y, así, a la postre, ha sido el mismísimo nacionalismo español el que ha generado un nacionalismo catalán reactivo que les toma la palabra a sus adversarios y defiende la lengua propia como núcleo de una nación separada. Otro tanto puede afirmarse de los vascos y de los gallegos, pueblos hispánicos con idioma diferenciado que, en mayor o menor medida, han seguido los pasos de Cataluña hacia la secesión. En un nacionalismo regular y templado, un catalán sería español cuando hablase catalán y en tanto que catalán, es decir, sin necesidad de añadir bilingüismo alguno a su cultura y mentalidad. Siendo todo ello perfectamente compatible con el hecho de que exista, por razones obvias, una lengua común, la castellana, compartida por todos los ciudadanos del país. Pero esa lengua no tiene que ser ni más ni menos española que sus hermanas. Desde el punto de vista político, el castellano debería ser, en última instancia, y excepto para los castellanohablantes de nacimiento, un mero requisito técnico que nos permitiera comunicarnos como ciudadanos hispánicos herederos de distintas tradiciones culturales.

Por si fuera poco, para el vigente nacionalismo español de extrema derecha, además de hablar castellano, un español auténtico tiene que ser católico practicante e incluso católico preconciliar (fundamentalista). Los españoles ateos no serán, en cualquier caso, reconocidos como “buenos españoles”; ya no digamos todos aquellos colectivos que vulneran alguno de los preceptos de dicho dogma religioso: homosexuales, matrimonios civiles, mujeres que han decidido abortar, etcétera. Tampoco pueden ser españoles los trabajadores, porque un buen español ha de ser “de derechas” e identificarse con el tipo de sociedad que correspondió a las épocas hegemónicas de la historia nacional. Pero ese tipo de sociedad será siempre, visto desde una perspectiva moderna, necesariamente conservador. Erigido en arquetipo o modelo político, semejante idea de España sólo puede nutrir programas de la derecha más rancia. En consecuencia, los trabajadores, es decir, la gran mayoría de la población, cuyo voto tiende a orientarse hacia la izquierda, no pueden sentirse españoles de verdad y rechazan el nacionalismo como una ideología retrógrada, residual. Siguiendo la misma lógica reaccionaria que las anteriores, los españoles deberían ser monárquicos: un español republicano es sospechoso de traición a la patria, por cuanto en sus mejores tiempos España fue una monarquía.  Ese mismo mecanismo arcaizante transforma el nacionalismo español en algo incompatible con la democracia: el patriotismo tiene que devenir a la postre, por necesidad, dictatorial, antidemócrata y, consecuentemente, hostil a los derechos básicos de los españoles y del propio pueblo español en tanto que fundamento constituyente de la soberanía nacional. 

En definitiva, el nacionalismo español de extrema derecha, el único realmente existente hasta la fecha, se ha basado en la exclusión de toda suerte de sectores y segmentos sociales, del pueblo en cuanto tal, y en la reducción de España a una secta cristiana violenta, ultracatólica, etnicista castellana y reaccionaria. ¿Cómo puede entonces extrañar que los “patriotas españoles” sean únicamente aquéllos pocos grupúsculos que se reúnen en actos cuyas cifras de asistencia no superan nunca el millar de personas? El nacionalismo español ha fracasado una y otra vez. Y con él, lamentablemente, ha fracasado también España como país, pues un Estado sin un imaginario nacional pacíficamente compartido está, ayuno de legitimación, condenado a fragmentarse. El denominado Estado de las Autonomías representa la etapa actual de un proceso de descomposición del Estado español que se podrá retrasar más o menos con fórmulas federalistas, pero que no se detendrá hasta consumarse si antes no analizamos y comprendemos las causas del fenómeno. De esa comprensión puede y debe surgir, empero, un movimiento nacionalista hispánico de izquierdas, laico, republicano y plurilingüe cuya primera tarea es romper simbólicamente con la extrema derecha de manera ostensible. El nacionalismo español opera como un verdadero obstáculo –aunque pretenda lo contrario- para la defensa de los intereses nacionales. Por eso hablaremos de nacionalismo hispánico y de catalanismo de la Marca Hispánica, porque si no lo hiciéramos así seríamos devueltos ipso facto, por los medios de comunicación y la propaganda del sistema oligárquico imperante, al reducto sitiado de la extrema derecha españolista.

La refundación del nacionalismo patrio como nacionalismo hispánico

Nosotros damos por muerto y enterrado de iure el falso nacionalismo español. Tal ha sido su descrédito, que todo intento de recuperarlo tiene que concitar el rechazo de la mayoría de los ciudadanos. Ese nacionalismo provoca una mezcla de miedo, desprecio y asco. Pero, ¿sería posible un nacionalismo hispánico? Para expresarlo de forma llana e inequívoca: un nacionalismo que se fundamentara en Hispania, realidad histórica anterior al Reino de España y, por tanto, a la cristianización del país. Pero lo que nos interesa de aquella Hispania no es, por supuesto, la estructura social antigua, sino su carácter de concepto exclusivamente político oriundo de Roma. La Hispanidad se refiere en primera instancia a la noción de “lo político” como algo situado por encima de la economía y de la religión, no a la comunidad cultural con los países de habla castellana. Hispánico es aquello que nosotros, en cuanto pueblo, hemos heredado de Europa y, por ende, de la civilización. En este sentido refundaron Hispania los pueblos germánicos godo y franco a partir de la Marca Hispánica, una entidad administrativa y militar del Sacro Imperio Romano-Germánico cuyo territorio, pero también su espíritu y proyecto político, se corresponde con el núcleo histórico de Cataluña. Por el mismo motivo, la refundación del nacionalismo hispánico tiene que ir acompañada de una refundación del catalanismo y del concepto de la Catalanidad más acá de toda forma de separatismo, federalismo o autonomismo, pues éstas no son más que distintas fases del proceso independentista catalán conducente a la destrucción de Hispania.

El paisaje de aquel territorio fundacional, embrión de la Marca Hispánica, es la comarca vieja de Empúries, con centro en la actual ciudad de Figueres. Y fue Figueres, también, la última capital de la Segunda República Española. Figueres niega la legitimidad del franquismo como punto de partida de la falsa transición democrática que ha desembocado en la actual crisis del Estado. La Marca Hispánica expresa, por otra parte, lo esencial de la Catalanidad y de la Hispanidad entendidas en el sentido indicado y al margen de cuestiones religiosas, económicas y culturales, las cuales quedan, en este concepto, automáticamente, subordinadas al carácter político, cívico, del Estado Hispánico.

Hispania quiérese una nación moderna con cuatro lenguas oficiales y capitalidad en Barcelona; un Estado unitario, es decir, sin autonomías; un Estado con una nueva bandera, un nuevo himno, un nuevo sentido de lo nacional; un Estado social, que cifre su patriotismo en la defensa de los derechos de los trabajadores; un Estado democrático basado en la participación de todos los ciudadanos, de abajo a arriba, desde los municipios a las grandes cámaras de representación. Queremos volver a sentir que pertenecemos a una patria. No combatimos el nacionalismo separatista desde un presunto no-nacionalismo (PP, Ciutadans), sino desde otro nacionalismo, la Marca Hispánica, que supera los anteriores y los arroja al basurero de la historia.

En el año 2010 se fundó en Figueres la Izquierda Nacional de los Trabajadores (INTRA) como partido político que representa, por primera vez en la historia de los pueblos hispánicos modernos, este proyecto de refundación nacional. Antes de que existieran partidos como Podemos u otros populismos de izquierdas, la Izquierda Nacional de los Trabajadores (INTRA) ya esgrimió un proyecto nacional, a la vez patriótico, social y rotundamente de izquierdas.

Por todo lo expuesto,

Manifestamos:

1/ que nuestra patria no es el actual Reino de España, pero tampoco los ficticios Països Catalans del independentismo, sino una  República Hispánica unitaria, laica, social de los trabajadores nacionales.

2/ que la refundación nacional entraña una serie de cambios simbólicos en la capitalidad del Estado, las lenguas oficiales, la bandera, el himno e incluso la denominación oficial del país.

3/ que tenemos la voluntad de construir nuestra patria como catalanistas leales a Hispania desde Figueres y la Marca Hispánica, superando aquí, de manera pacífica y democrática, el conflicto entre españolismo e independentismo, entre constitucionalismo y separatismo, pues ni la actual constitución, ya caduca, ni el proyecto secesionista, totalmente ilusorio, pueden provocar otra cosa que la fractura social entre los ciudadanos autóctonos.

4/ que a tales efectos fundamos hace ya cuatro años la Izquierda Nacional de los Trabajadores (en Cataluña: Esquerra Nacional dels Treballadors), INTRA, una palabra latina que significa dentro, pues es el corazón mismo del país el que está amenazado por los recortes sociales, la corrupción, la crisis moral de las instituciones, la política de inmigración, el paro endémico, el terrorismo islámico y el enfrentamiento interétnico.

5/ que tenemos vocación de participar en los procesos democráticos, y por tanto en las elecciones municipales, para iniciar nuestra andadura política y poder combatir desde las instituciones todas las injusticias que se cometen contra los trabajadores nacionales, sin importar que éstos hablen catalán, castellano, vasco o gallego; todo ello como primer paso en la extensión del proyecto de izquierda nacional al resto del país.

Y para que así conste firmamos este manifiesto y nos comprometemos a no cejar en nuestra lucha hasta que estos objetivos hayan sido alcanzados.

Izquierda Nacional de los Trabajadores (INTRA)
En Figueres (Marca Hispánica), 13 de febrero de 2014

 

jueves, 19 de febrero de 2015

L'Esquerra Nacional dels Treballadors


Esquerra Nacional dels Treballadors (INTRA) és una assemblea de ciutadans, treballadors i estudiants que promou de forma pacífica un canvi de règim a l’Estat espanyol i la instauració d’una Democràcia Popular Participativa, amb diferents assemblees com a òrgans de control i fiscalització del poder, a totes les institucions, des dels municipis fins a la cambra legislativa. Aquesta forma de govern ha d’impedir que es torni a repetir la situació actual de crisi econòmica, moral i institucional de l’Estat Social i Democràtic de Dret, amb un estament polític corrupte legislant al servei dels amos del diner i contra del poble sobirà al qual teòricament representa.
L’Esquerra Nacional dels Treballadors propugna l’establiment d’un Poder Constituent, l’abdicació del rei, un referèndum monarquia-república i l’obertura d’una Causa General, amb conseqüències penals, contra els responsables polítics i econòmics de la crisi, inclosos els corruptes. Esquerra Nacional dels Treballadors és una organització fundada a Catalunya però d’àmbit estatal i contrària a l’independentisme que CiU utilitza ara per a tapar-se les vergonyes. Defensem l’existència d’una Nacionalitat Hispànica latent, hostil a les polaritzacions centralisme-secessionisme, i proposem la fundació d’un Estat Hispànic Unitari, amb quatre llengües co-oficials a tot el territori hispànic i capital a Barcelona. Una de les conseqüències lògiques de la nostra postura, que no volem amagar a ningú, és l’abolició de l’insostenible Estat de les Autonomies.
L’Esquerra Nacional dels Treballadors (INTRA) s’oposa, per tant, a l’espanyolisme actual de la mateixa manera que rebutja l’enfollit objectiu independentista de la separació d’Espanya, la qual sols pot perjudicar al poble català i afegir a la crisi un trist panorama de ruïna econòmica, fractura social, opressió oligàrquica i fins i tot guerra civil a Catalunya. A diferència dels espanyolistes que s’oposen també a la independència però sols per deixar-ho tot tal com està, INTRA és una organització d’esquerres, patriòtica, hispànica i catalana de soca-rel que vol solucionar els problemes reals de la comunitat nacional, que vol comprometre’s amb els ciutadans en un moment clau de transició històrica on tothom ha de sortir al carrer per a defensar les conquestes socials dels nostres pares i avis, bo i evitant el perill d’una involució antidemocràtica.
Esquerra Nacional dels Treballadors rebutja la violència i no consentirà que sota l’empara de les reivindicacions democràtiques o de l’antifeixisme les velles esquerres totalitàries intentin imposar-nos un altre cop un règim comunista de terror policial.
Esquerra Nacional dels Treballadors condemna el racisme, la xenofòbia i l’antisemitisme, però també combatrà una política d’immigració dissenyada per l’oligarquia a fi d’aconseguir mà d’obra barata en condicions de semiesclavatge i contra els interessos més elementals dels treballadors autòctons de la nació.
Esquerra Nacional dels Treballadors es defineix laica i neutral en matèria religiosa i proclama la veritat racional com a valor fonamental de la vida pública.
Esquerra Nacional dels Treballadors declara la guerra a l’oligarquia de les 200 famílies catalanes que han conduït el país a la fallida econòmica i moral, que han desacreditat les actuals institucions democràtiques i autonòmiques –les quals ja no tenen salvació possible- i que ara intenten manipular l’independentisme per culpar Madrid i Espanya del que elles mateixes han provocat. El cap visible d’aquesta banda de saquejadors, vividors, mentiders, lladres i traïdors anomenada “catalanisme” és el senyor Artur Mas, president de la Generalitat de Catalunya.
La Marca Hispànica, 13 d’octubre de 2012

miércoles, 26 de marzo de 2014

La independencia de Cataluña





La independencia de Cataluña es el fraude con que la oligarquía local pretende encubrir sus delitos, que incluyen la tortura y el saqueo del erario público.

La corrupción del estamento político mal llamado "catalanista" es ya una evidencia abrumadora. Basta con leer la prensa, sección tribunales. Esta afirmación vale especialmente para CiU y aún más para el "clan del pinyol". Así, la única salida airosa de los delincuentes con corbata que actualmente nos gobiernan es la huida hacia delante, o sea, aquéllo que ellos mismos idealizan en términos de "independencia". Los Pujol, Mas, Duran y toda la panda de vividores sólo podrían fugarse de la justicia con magistrados comprados por la oligarquía local. Esta supuesta "independencia" significa, en realidad, "impunidad criminal" y, por tanto, opresión, miseria y humillación para el pueblo catalán.

Las víctimas de una red mafiosa somos siempre, en efecto, los ciudadanos. Poder robar sin tener que temer ningún castigo es cierto que da mucha "independencia", pero no precisamente a la gente, sino a los ladrones y defraudadores. Quien está pagando ahora mismo las consecuencias de este saqueo del erario público autonómico que ha caracterizado los 30 años de falso "catalanismo" son las escuelas, los hospitales, los funcionarios, los niños que ya no pueden comer ... En una palabra, los trabajadores y los sectores más débiles de la sociedad catalana.

No hemos llegado a ser la comunidad más endeudada de España porque Madrid nos robe, sino por toda la costra parasitaria de miles de cargos de confianza inútiles que chupan del presupuesto de la Generalitat. Cataluña está en bancarrota debido a los millones de euros malgastados, repartidos a sacos entre supuestos "patriotas" que se ríen de todos nosotros y han hecho del "nacionalismo" un negocio harto lucrativo.

Hasta ahora estos sinvergüenzas tenían que disimular, esconderse y pasar un poco de miedo por los líos judiciales resultado de sus fechorías. En una futura Cataluña "independiente" podrán despreocuparse de cualquier posible denuncia: el entero tejido institucional quedará bajo su control: prensa, televisión, juzgados, policía, prisiones...

Ciertamente, las instituciones autonómicas catalanas hace mucho tiempo que sirven a los mafiosos y la ruina económica de Cataluña ha sido el resultado inevitable de este hecho, bien patente en la actualidad. Pero los pujolistas, un concepto que va mucho más allá de lo que es formalmente CiU, detectan todavía demasiadas zonas libres, ése es precisamente su problema.

Para evitar fugas de información "delicada" necesitan colocar por todo el país a sus dóciles secuaces a sueldo. Tienen que conseguir que ningún diario, tribunal u organismo policial pueda funcionar de manera democrática, denunciando o persiguiendo los delitos cometidos por los amigos, socios y correligionarios ... Hete aquí el "Estado propio". Un Estado en propiedad, pero no del pueblo, sino de las 200 familias oligárquicas. Cuando los postreros "agujeros" estén tapados, ellos, los mafiosos con barretina, podrán descansar tranquilos. Sin embargo, nosotros, los trabajadores de este país, ya no podremos ni respirar. Su independencia es nuestra asfixia moral y material.

Es necesario un nuevo catalanismo, un catalanismo reconstruido de raíz. Y el primer requisito de este proyecto es el encarcelamiento de "la familia" y la inhabilitación perpetua del estamento político, cómplice por acción u omisión. También la abdicación del rey y la reforma de la Constitución Española. No otra es la auténtica independencia, aquélla que haría del catalán un pueblo más libre. ¿Libre de quién? De los que verdaderamente lo oprimen. De los traidores a los ciudadanos de Cataluña: Jordi Pujol y compañía.

Echémosles fuera. Y con deshonor. Todavía estamos a tiempo. Despertemos antes de que el sueño de la "cadena humana" imaginaria se convierta en la pesadilla de una cadena real aplastando nuestras espaldas.
 
Fuente: http://argentina.indymedia.org/news/2013/11/849799.php

sábado, 1 de marzo de 2014

La manipulación de los indignados


¿Por qué han fracasado los Indignados? La manipulación de los Indignados por parte denominado Movimiento 15 M ha sido fabulosa y tenía la finalidad de neutralizar y encauzar la protesta por veredas filosóficamente inocuas para el sistema oligárquico. En cualquier caso, ha eludido el ataque frontal al régimen monárquico en España a pesar de la situación de debilidad y descrédito notorios del rey Juan Carlos I. En lugar de implantar un nuevo régimen republicano, el M 15 M confórmase con un cambio de gobierno de tintes más "progresistas". El veneno en la taza ideológica del M 15 M lo inoculó el espía, falsario y diplomático oligárquico Stéphane Hessel, sicario judío de los banqueros Rothschild y Rockefeller.  

En la actualidad, el partido PODEMOS, así como otras siglas "políticamente correctas", herederas de aquello que no pudo ser y, en el fondo, del propio Stéphane Hessel, se preparan para apuntalar el sistema oligárquico por la izquierda con algunas dosis de keynesianismo económico. El objetivo es el retorno a la narcotización permanente de la gente en el seno de la denominada "sociedad de consumo".  Volveremos a sentirnos moderadamente "felices". Nuestra mirada será apartada del horroroso abismo que por un momento se mostró desnudo ante nuestros ojos incrédulos.

Los Indignados podían, en efecto, haber sido otra cosa, algo mucho más importante para nuestras vidas: la construcción de una genuina democracia basada en el conocimiento de la verdad racional. Eso que los oligarcas quieren ocultarnos a todo precio, pues dejaríamos de ser dóciles productores/consumidores/contribuyentes para convertirnos en orgullosos ciudadanos depositarios de la soberanía nacional, es decir, en sujetos de la historia dispuestos, si necesario fuere y sin traicionar la existencia cotidiana en el mundo de la vida, a morir por la defensa de nuestra dignidad política como trabajadores.

Con PODEMOS, los oligarcas no van a caer. Los valores básicos de nuestra sociedad seguirán siendo los mismos. Stéphane Hessel ya se encargó de dejarlo todo "atado y bien atado" desde el primer momento.

Si te interesa el libro escribe a

adecaf@adecaf.com

El autor: Un indignado. 362 páginas. 

lunes, 19 de agosto de 2013

MOVIMIENTO DE LOS INDIGNADOS (2ª ASAMBLEA)

LA PACIENCIA DE LOS TRABAJADORES SE HA TERMINADO. Con el escándalo de la financiación ilegal y los sobresueldos que afecta directamente al gobierno de la nación, la degradación moral de los políticos profesionales y de las instituciones liberales ha superado con creces el límite de lo tolerable por los ciudadanos. Ya no se trata de casos singulares que pudieran ser considerados una excepción más o menos aislada: el estamento político, por activa o por pasiva, debe ser calificado de corrupto en su totalidad. El Estado español funciona como un cártel de organizaciones criminales mafiosas dirigidas por Mariano Rajoy, Alfredo Pérez Rubalcaba, Artur Mas y otros capos regionales. Ninguno de los partidos actuales está libre de culpa, ni siquiera Izquierda Unida. Sólo aparecen “limpias” las siglas en fase de crecimiento electoral o las que han sido incapaces de usurpar algún enclave de poder, y éstas más por inepcia que por honestidad. 

Tal evidencia golpea la conciencia del ciudadano medio en plena crisis económica. Una auténtica debacle social  afecta, con el desmantelamiento galopante del Estado de Bienestar, a la mayoría de los trabajadores del país. Nada menos que seis millones de parados erígense en abochornante testimonio de cargo contra una “casta” política que, junto a su notoria inmoralidad, ostenta el reprobable demérito de la incompetencia, la ignorancia supina y el más ridículo analfabetismo funcional. El politicastro de la Piel de Toro es, en suma, en el mejor de los casos, tan vago, desvergonzado, mentiroso y ladrón, cuan incapaz, inculto, prepotente e insensato. En el peor, un criminal cómplice de delitos de lesa humanidad tipificados en el juicio de Nüremberg (v.g.: José María Aznar). Carentes de toda autoridad moral para exigirles a los ciudadanos que se aprieten el cinturón o hagan sacrificios, el único servicio que los políticos y los sindicalistas pueden hacerles ya a sus representados es exiliarse en el extranjero. Son, esta plaga, entorno a unos 50.000 parásitos: si les queda algo de dignidad, ¡que se vayan!

El pueblo, ciertamente, estaría dispuesto a arrimar el hombro para levantar el país, pero nunca jamás a las órdenes de personajes como los hijos de Jordi Pujol. Los trabajadores, antes de que se nos imponga un solo sacrificio más, pedimos:
(a)    que los responsables de la crisis dimitan de sus cargos;


(b)   que los políticos profesionales sean procesados judicialmente e inhabilitados a perpetuidad para toda función gubernamental o administrativa;


(c)    que los saqueadores del erario público devuelvan lo robado;


(d)   que los culpables de la quiebra moral y económica del Estado sean encarcelados cuando así lo establezca una sentencia condenatoria, sin que puedan acogerse a indultos, terceros grados o cualesquiera tratos de favor discrecionales por parte del gobierno.

En la actualidad puede afirmarse que no vivimos en una genuina democracia, sino que somos súbditos de una dictadura encubierta donde es necesario mendigar permiso a los corruptos (solicitud de avales firmados por cargos institucionales) para poder presentar candidaturas a unas elecciones generales. Después de este silencioso golpe de Estado, cabe ya definir sin ambages al régimen actual como un sistema oligárquico controlado por una pandilla de delincuentes. Enquistada en el poder cual invasión de garrapatas para vampirizar a la ciudadanía, dicha oligarquía es el problema número uno del pueblo español. Por tanto, después de la amarga experiencia de los últimos años, el objetivo prioritario de toda acción política tiene que ser constituir una democracia popular participativa donde los trabajadores y la gran masa de la población vean amparados sus intereses morales y materiales contra los criminales que nos gobiernan.
CAMBIO DE RÉGIMEN, NO SÓLO DE GOBIERNO. En efecto, ya no se trata de votarle a un político “diferente” para que ocupe el lugar del anterior y haga exactamente lo mismo que han venido haciendo sus colegas hasta el día de hoy. Ha llegado la hora de promover un cambio de régimen. Ningún gobierno monárquico puede resolver ya los graves problemas de legitimidad que afectan a las instituciones de la Constitución de 1978. La Carta Magna está muerta. La sociedad española debe emprender un proceso de regeneración democrática y una segunda transición. El país necesita una nueva constitución y ésta habrá de ser establecida por el poder constituyente de los ciudadanos, es decir, al amparo del sagrado principio de la soberanía popular al que también el Rey tendrá que someterse.
Por todo ello, los ciudadanos y trabajadores españoles exigimos:
(a)    la abdicación del rey;


(b)   referéndum monarquía/república;


(c)    dimisión del gobierno actual y convocatoria de elecciones generales para la formación de un gobierno provisional de transición a la democracia (donde sólo podrán presentarse a listas electorales, siempre abiertas, personas que nunca hayan ocupado con anterioridad ningún cargo político remunerado, ya sea electo, ya de libre designación);


(d)   abolición del Senado, de la Casa Real, de los parlamentos regionales, de las diputaciones y de todos organismos, fundaciones e institutos cuya única finalidad sea la colocación de correligionarios, amigos, familiares, acólitos y otros clientes del estamento político oligárquico;


(e)    causa general contra los políticos corruptos (procesamiento y prisión para los responsables de la crisis económica, moral e institucional de nuestra sociedad);


(f)     nueva ley de partidos políticos que democratice estas organizaciones y permita un control asambleario real de los cargos electos;


(g)    elección de una Asamblea Nacional dotada de poder constituyente para la acuñación de una constitución democrática.


(h)   referéndum constitucional que ponga fin al régimen oligárquico heredero del franquismo.
Todo ello será el resultado de una movilización ciudadana que enarbole la abdicación del rey como reivindicación unitaria y simbólica del pueblo trabajador hispánico, cuya realización tiene que conllevar la aplicación progresiva pero forzosa del resto de las medidas apuntadas.

DERRIBAR EL RÉGIMEN OLIGÁRQUICO DE FORMA PACÍFICA. La revolución democrática tendrá que ser pacífica o no será, de manera que estamos obligados a apartar a todos aquellos individuos o grupos que ensalcen o practiquen de facto la violencia, la injuria o la coacción. Las directrices generales de actuación serán las siguientes:
·         Los ciudadanos deben llenar las plazas y calles de todo el país siguiendo el ejemplo de los antiguos indignados, pero bajo la sola reivindicación política constituyente ya señalada. Cualquier matiz ideológico añadido, de derechas o de izquierdas, tendrá como única consecuencia la división de la soberanía popular y el fracaso de las movilizaciones.


·         Cuando la policía desaloje a los manifestantes, será menester no resistirse activamente a la represión, sino trasladar la protesta a otro lugar de la localidad. La participación masiva tiene que provocar, por inercia del simple factor numérico abrumador, la ineficacia de las fuerzas policiales al servicio de la oligarquía.


·         Los indignados impediremos los ataques a las personas, sean o no agentes del orden, y al mobiliario urbano o la propiedad. Detectaremos a los provocadores y los pondremos en evidencia para que no puedan realizar su labor de colaboración con el régimen, consistente en justificar la represión policial y judicial. Evitaremos los liderazgos vitalicios. El movimiento debe ser asambleario; su dirección, colectiva. Nuestra seña de identidad será siempre la figura de un indignado anónimo.

¿POR QUÉ HAN FRACASADO LOS INDIGNADOS? La Izquierda Nacional de los Trabajadores (INTRA) ha analizado las causas ideológicas del fracaso de los indignados en un libro titulado La manipulación delos indignados. Stéphane Hessel y la decadencia del movimiento 15 de mayo (Madrid, 2012). Esta obra da cumplida respuesta a casi todos los escritos de Hessel. Las responsabilidades del desastre recaen sobre el propio “movimiento 15 de mayo”, que desde sus inicios puso las movilizaciones al servicio de "la izquierda  del sistema". No se erigió una reivindicación política unitaria, mucho menos constituyente, sino simples y múltiples peticiones de derechos sociales incapaces de generar la más mínima inquietud en la oligarquía. El “movimiento 15 de mayo” tuvo la oportunidad de rectificar sus errores el pasado mes de mayo, pero persistió en su actitud y recibió por ello los encendidos elogios de todos los partidos políticos corruptos con representación parlamentaria. Las movilizaciones indignadas bajo la directriz del “movimiento 15 de mayo” o de las plataformas “¡En Pie!” u otras han combinado, con una inepcia verdaderamente asombrosa, el carácter políticamente inocuo y fragmentario de las consignas con el empleo de la violencia callejera perpetrada por energúmenos de la peor calaña, que justificaban acto seguido las brutales intervenciones de la policía. En definitiva, el movimiento indignado ha fracasado por culpa de sus actuales organizadores, quienes lo utilizaron como válvula de escape de las tensiones sociales y pólvora mojada a la espera de rentabilizarlo electoralmente con un nuevo “gobierno de coalición” formado por el PSOE e Izquierda Unida.


POR UNA IZQUIERDA NACIONAL DE LOS TRABAJADORES. La Izquierda Nacional de los Trabajadores (INTRA) no es un nuevo partido político que reclame tu voto para obtener cargos institucionales y olvidarse luego de ti. La INTRA es una organización asamblearia, debidamente legalizada, cuyo único fin es promover las medidas propuestas en el folleto que tienes en tus manos. La INTRA aspira a una refundación del movimiento indignado (2ª Asamblea) independiente del 15-M y de todos los grupúsculos violentos que hasta ahora lo han saboteado desde dentro.

Teléfono: 660236502

E-mail: intra@intra-e.com
INDIGNADOS SEGUNDA ASAMBLEA, Figueres, 19 de agosto de 2013

martes, 2 de julio de 2013

COMUNICADO DE LA IZQUIERDA NACIONAL DE LOS TRABAJADORES (INTRA)


COMUNICADO 1º DE JULIO DE 2013

DIMISIÓN DE LA EJECUTIVA

En cumplimiento de los principios rectores y del protocolo de actuación asambleario de esta organización política, se comunica que la ejecutiva de la INTRA dimitió ya el pasado 13 de diciembre de 2012 y dejó la administración del partido en manos de una Coordinadora hasta la celebración de la Asamblea Fundacional. Los hechos no se han puesto en conocimiento público a la espera de que se cumplieran los requisitos para la existencia de la Coordinadora, cuya función es meramente gestora, provisional y no política.

El balance de la ejecutiva fundacional saliente incluye:

a/ legalización de la organización política como “partido” (única fórmula institucional existente en la actualidad);

 b/ adquisición y mantenimiento de una sede en la C /Alemania, núm. 16, de Figueres (Girona);

 c/ redacción de un texto de referencia, no vinculante: MANIFIESTO POR UNA IZQUIERDA NACIONAL;

 d/ publicación del libro La manipulación de los indignados (Madrid, 2012);

 e/ presentación de dicho libro en la Universitat de Girona;

 f/ campañas de carteles reclamando la abdicación del rey y una Causa General contra los políticos corruptos;

 g/ página web ESQUERRA NACIONAL DELS TREBALLADORS y diversos sitios no oficiales de la red;

 h/ artículos de prensa anunciando la fundación del proyecto político y sus objetivos.

NO SOMOS UN PARTIDO, SOMOS UNA ASAMBLEA DE INDIGNADOS QUE NO OBEDEDE LAS DIRECTRICES DEL MOVIMIENTO 15-M Y SU TUTOR IDEOLÓGICO STÉPHANE HESSEL

La IZQUIERDA NACIONAL DE LOS TRABAJADORES (INTRA) se basa en unos principios estatutarios, pero no puede presentar una Declaración Programática hasta su aprobación por la Asamblea Fundacional en virtud del principio asambleario radical que rige todas sus actuaciones y declaraciones públicas.

En consecuencia, y mientras dicha asamblea no pueda constituirse, la organización se limitará a exigir la abdicación del rey y el procesamiento de los políticos corruptos como requisito para el inicio de un proceso constituyente de regeneración democrática.

Toda otra propuesta resultaría vana porque ningún partido puede afrontar con un programa a cuatro años la crisis estructural del sistema oligárquico en bancarrota, el cual requiere un cambio de régimen y no la elección de nuevos cupos de señorías corruptas para el Congreso de los Diputados u otros cargos de instituciones pseudo democráticas totalmente desacreditadas.

Por todo ello hacemos un llamamiento a constituir nuevas asambleas de indignados no dependientes del Movimiento 15-M (comparsa de los partidos de izquierda de la casta política corrupta) y a tomar la calle siguiendo el ejemplo de los indignados de Egipto y Brasil.

La Marca Hispànica, 1º de julio de 2013