lunes, 31 de diciembre de 2012

Israel: los asesinatos selectivos

Israel: Los asesinatos selectivos

Martín Lozada
Poco a poco se va perdiendo el sentido del horror y se normaliza lo que de otro modo resultaría siniestro. Se trata de homicidios seriales, abiertos al público, filmados y reproducidos alrededor del mundo entero. Así resultan ser los asesinatos selectivos que practica el Estado de Israel en relación con ciertos dirigentes palestinos más o menos, según el caso, vinculados con atentados terroristas.

Como sucedió años atrás, en ocasión en que la Corte Suprema israelí autorizó las "presiones físicas" - torturas- sobre detenidos palestinos como medio procesal tendiente a recolectar prueba sobre atentados consumados o a producir, detrás de los asesinatos selectivos hay también una política oficial y de Estado.

Política de Estado que pretende consolidar una ocupación permanente sobre los territorios palestinos que Israel ilegítimamente anexionó de facto en 1967 y que, pese a una ingente cantidad de resoluciones de las Naciones Unidas, se niega a abandonar. Política que se ha profundizado con los programas de asentamientos de colonos israelitas en territorio ocupado, con la construcción de un muro para asfixiar la viabilidad futura de Palestina y, finalmente, con la sistematización de los asesinatos objetos de estas letras.

Tal cual sucede durante la ejecución de todo programa de violación sistemática de derechos humanos, el discurso que emana de los autores resulta pletórico de eufemismos y equívocos. Es por eso que renuncian al término simple y llano de "terrorismo", que tan sólo destinan a los atentados palestinos y, en cambio, se refieren a "eliminaciones", "operaciones puntuales" o a "autodefensa activa".

Como si la manipulación de las palabras pudiera reducir algún grado de responsabilidad o tranquilizar la conciencia colectiva luego del homicidio premeditado, siempre alevoso, a través de bombas o misiles disparados a distancia.

Los asesinatos selectivos comenzaron durante la última etapa de gobierno del laborista Ehud Barak, quien ordenó estas prácticas para sofocar el levantamiento palestino - Intifada de Al Aksa- contra la ocupación militar en Cisjordania y Gaza que estalló el 29 de setiembre del 2000 tras la visita del líder del Likud, Ariel Sharon, a la Explanada de las Mezquitas, lugar sagrado para los musulmanes.

Como primer ministro, Sharon retomó esa estrategia bajo el calificativo de "interceptaciones" y dio luz verde al ejército para aplicarla a su antojo, sobre todo tras el asesinato del ministro de Turismo, Rajavam Zeevi, a manos de activistas del Frente Popular para la Liberación de Palestina, el 17 de octubre del 2001.

Según el Grupo Palestino de Supervisión de los Derechos Humanos, en los casi cuatro años transcurridos desde el inicio de la "Intifada" palestina, las fuerzas israelíes causaron la muerte de 209 palestinos en operaciones de asesinato selectivo, de los cuales sólo 147 eran blancos de los ataques. Los 62 restantes fueron personas ajenas y que poco o nada tenían que ver con el objetivo trazado.

Israel ha argumentado que su política de asesinatos selectivos es un acto legal de autodefensa. Sin embargo, el Convenio Internacional de Derechos Políticos y Civiles de 1966, ratificado por esa nación, estipula que las ejecuciones sin juicio no están permitidas ni siquiera en tiempos de emergencias y conflicto armado. Ese es el significado de su artículo 6, apartado 1, que afirma que "nadie será privado arbitrariamente de su vida".

En un informe de 1983, del relator especial de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, se estableció que "matar deliberadamente a individuos seleccionados, que no se encuentran detenidos por el gobierno" es una "ejecución arbitraria" y viola, por lo tanto, el derecho a la vida, un derecho absoluto que ha sido reconocido por todas las convenciones de derechos humanos como el derecho más básico e importante.

De modo tal que los asesinatos de civiles por parte de un poder ocupante, tal como sucede en este caso, son una grave violación de la Cuarta Convención de Ginebra de 1949, que junto a varios protocolos adicionales establecen lo que está permitido y prohibido en tiempos de guerra y ocupación. Pero, además, constituyen un crimen de guerra y contra la humanidad cuando se llevan a cabo en el contexto de un conflicto armado.

El sociólogo argentino Daniel Feierstein ha escrito con razón que "A menos que la intención sea la de intercambiar el rol de víctima por el de genocida, el pueblo judío también debe aprender e investigar su propia existencia para comenzar a cuestionar los modelos educativos, sociales, políticos o culturales que van construyendo la legitimidad de una práctica social como el genocidio".

Es por eso que los 200.000 israelíes, mayormente pertenecientes a grupos de izquierda y pacifistas, que el pasado sábado 15 se reunieron en la plaza Rabin de Tel Aviv bajo los lemas: "Elegir por la vida-salir de los territorios ocupados" y "Salir de Gaza y comenzar a negociar", dan lugar para la esperanza y la racionalidad en Medio Oriente.
 

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