lunes, 10 de enero de 2011

Entrevistan al presidente de la INTRA


Mediterráneo Digital vuelve a tomar la delantera a todos sus competidores y se marca una nueva exclusiva para la hemeroteca entrevistando, en absoluta primicia informativa, al hombre más buscado de los últimos días y sobre el que tanto se ha especulado en todos los medios de comunicación nacionales: Jaume Farrerons, el presidente y fundador de Izquierda Nacional de los Trabajadores, el primer partido patriota-identitario de nuestro país que ve nacer su raíz ideológica... desde la izquierda.

La noticia, adelantada hace unos días y en rigurosa primicia por nuestro equipo de redacción, sorprendió una vez más a todo el panorama periodístico actual, llevando nuevamente el trabajo y la labor de investigación a la palestra informativa de nuestro modus operandi habitual.

Jaume Farrerons Sánchez, fundador de INTRA. Nacido en Barcelona en 1961, es licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación. Diploma de estudios avandazos (DEA) en filosofía moral por la Universidad de Barcelona, en 1996 constituyó la Asociación Democrática Catalana de Funcionarios de Prisiones (ADECAF) que actualmente preside.

Vinculado políticamente a numerosas formaciones de diversa índole, es, entre otras, responsable de la declaración programática del Movimiento Social Republicano y de la a estas alturas ya archi-conocida Plataforma per Catalunya de Josep Anglada. En 2007 se integró en las filas del Partit per Catalunya (PxCat), en el que ejercería como secretario de formación, estudios, programas y responsable de prensa. Enfrentado con la dirección, en febrero de 2009 abandonaría la nave de Mateu Figuerola después de un cruento y no poco polémico duelo mediático con su propio presidente.

Mediterráneo Digital, siempre a la vanguardia del panorama informativo actual, se marca otra primícia que, posiblemente, volverá a copar las principales portadas de los medios de comunicación de nuestro país. Mientras otros copian, la innovación permanente, sigue siendo nuestro único signo de identitad.

Jaume Farrerons, el presidente del primer partido patriota de izquierdas de España, a la palestra.

"Un proyecto político serio contra la actual política de inmigración debe arraigar en la izquierda sociológica (¡no ideológica!), es decir, entre los trabajadores autóctonos, los principales perjudicados por la mundialización del mercado de trabajo"


"La principal aportación que supone INTRA en nuestra política es haber conseguido fundir en uno solo dos imperativos políticos que hasta ahora permanecían extraños y opuestos, a saber, el imperativo social y el nacional".

"Anglada aceptaba ser calificado de xenófobo y hasta de racista con tal de aparecer gratis en los medios de comunicación"


"No se puede luchar contra el fenómeno globalizador desde el "centro liberal". Sólo un incompetente político como Mateu Figuerola puede proponer en los estatutos del PxCat semejante incongruencia"


"Creo que la PxC puede estar empezando a tocar techo electoral"

"PxC es un partido basado en una personalidad carismática, y encima demagógica, como la de Anglada y no en la ideología, la seriedad del trabajo bien hecho, la formación de cuadros y la distribución de funciones entre especialistas en distintas materias"


"Anglada carece de formación universitaria, ciertamente, pero es un político de verdad, una persona que lucha, trabaja y lidera, mal que bien, su organización. El caso de Figuerola es muy distinto. Se trata de un auténtico perezoso y analfabeto"

"Yo era consciente desde el principio, en alguna medida, de las carencias culturales del Sr. Figuerola, pero lo consideraba una persona honesta desde el punto de vista moral. Le respeté por su sencillez y campechanía. Me equivocaba. El Sr. Figuerola está repleto de soberbia y miente sin escrúpulos"

En los últimos días, destapábamos a través de las páginas de Mediterráneo Digital, y en rigurosa primicia informativa, la muy próxima puesta en marcha de Izquierda Nacional de los Trabajadores, el primer partido que, desde los postulados de la izquierda política, es pionero, entre otras, en poner el dedo en la llaga en los problemas que genera la inmigración en nuestro país. ¿Cómo nace este proyecto y con qué objetivos?

Este proyecto es el resultado de dos factores. En primer lugar, de mi experiencia política personal como secretario de estudios y programas, primero, y secretario general, después, de Plataforma per Catalunya, por no hablar del análisis racional de experiencias equivalentes con otras propuestas similares que han sido fagocitadas por el sistema oligárquico vigente a través de la estigmatización mediática o la absorción fraudulenta de parte de sus reivindicaciones por partidos de derecha liberal, al estilo de la "operación Sarkozy".

De ello hemos aprendido que la lucha contra la actual política de inmigración no puede plantearse desde la derecha sin quedar arrinconada en el ghetto del radicalismo racista. Abandoné la PxC en 2007 precisamente porque Anglada no respetaba el programa que como secretario de estudios y programas había redactado para él a fin de evitar este arrinconamiento letal. Anglada aceptaba ser calificado de xenófobo y hasta de racista con tal de aparecer gratis en los medios de comunicación. No se daba cuenta de que admitiendo dicho regalo envenenado convertía su partido en un nido de ultraderechistas y el sistema oligárquico le imponía subrepticiamente un techo electoral que nunca le permitiría superar el 15% de los votos. La misma estrategia, harto efectiva como sabemos, que la usada contra Le Pen en Francia.

En segundo lugar, el factor ideológico. Yo no me siento ni me he sentido nunca de derechas, procedo del Partido Socialista y de la Falange hedillista, es decir, antifranquista. Desde mi juventud me he considerado nacional-revolucionario y mi primer envite político, la Plataforma por una Nueva Europa, tuve el honor de compartirlo con el ex trotskysta Juan Colomar en 1987. Ingresé en el partido de Anglada sólo para evitar su temprana derechización, pero, por poner un ejemplo, mi candidatura en Barcelona fue literalmente saboteada por los neonazis que rodeaban al jefe y que no toleraban mi declarado antirracismo. En suma, respondiendo a su pregunta, el proyecto nace con la finalidad de evitar errores que no dejan de repetirse una y otra vez en el campo patriótico. Un proyecto político serio contra la actual política de inmigración debe arraigar en la izquierda sociológica (¡no ideológica!), es decir, entre los trabajadores autóctonos, los principales perjudicados por la mundialización del mercado de trabajo, quienes al mismo tiempo experimentan todavía la emoción y el sentido ético de la patria.

¿Qué diferencia a INTRA del resto de formaciones del arco parlamentario actual?

Vamos a defender los intereses morales y materiales de los trabajadores españoles sin mirar a quien molestamos ni pedirles permiso a los bancos para dejar de sufragar sus agujeros financieros con dinero público. La diferencia radical es nuestro sistema de valores fundado en la verdad racional como principio ético supremo, pero también el carácter asambleario de la organización y el hecho de haber fundido en uno solo dos imperativos políticos que hasta ahora permanecían extraños y opuestos, a saber, el imperativo social y el nacional. Nuestro enemigo es la oligarquía liberal mundialista en su conjunto, la misma que financia y controla en la sombra las formaciones del arco parlamentario a las que usted hace referencia; promovemos frente a ella una genuina democracia popular participativa que encarcele en masa a los políticos corruptos, incompetentes y criminales actualmente en el poder. Pretendemos demoler la actual sociedad de consumo, no parchearla, como sugiere Laureano Luna, para que sólo puedan disfrutar de ella los ciudadanos del país. La INTRA quiere llevar hasta sus últimas consecuencias el proceso de racionalización inscrito en el proyecto ilustrado, que en la actualidad ha entrado en crisis precisamente por una cuestión de valores, a saber, que la sociedad de consumo coloca el valor felicidad y el bienestar económico productivista y consumista muy por encima e incluso en contra de la exigencia ética de verdad que hace posible la ciencia. Ahora bien, un mundo tecnológico no puede funcionar bajo semejante axiología ficcionalista, matriz de la supracultura financiera. Al final tenemos un conflicto entre las exigencias lógicas del progreso y los valores utilitaristas vigentes, incompatibles con la racionalidad.

¿Son los trabajadores, al fin y al cabo, los grandes perjudicados del descontrol en las políticas de inmigración que se propugna desde el sistema?

En efecto. Éste es el punto de partida estratégico y táctico de la INTRA. Llevar nuestro mensaje a los principales perjudicados por la actual política de inmigración, que no son las clases medias, sino los trabajadores. Por eso no podemos identificarnos con el centro político, porque las pequeñas burguesías profesionales que nutren habitualmente las formaciones centristas no son visceralmente hostiles a la actual política de inmigración, siendo así que se han beneficiado también de ella en forma de servicios domésticos más baratos. En suma, si queremos combatir la mundialización del mercado de trabajo, hemos de cuestionar de raíz el liberalismo que lo promueve. No se puede luchar contra el fenómeno globalizador desde el "centro liberal". Sólo un incompetente político como Mateu Figuerola puede proponer en los estatutos del PxCat semejante incongruencia.

¿Qué les diría Jaume Farrerons a los que piensan que, desde la izquierda, es imposible emprender un proyecto político de estas características?

La cuestión es cómo se puede combatir desde la derecha política, radical o moderada, una inmigración masiva que viene promovida por la derecha económica con el fin de abaratar costos laborales. Tratándose de izquierdistas clásicos, les diría que si no defienden los intereses de los trabajadores nacionales en lugar de los dogmas mundialistas políticamente correctos acuñados en Hollywood y Wall Street, las izquierdas van a desaparecer del mapa político europeo en una década. También les diría, a unos y a otros, que se puede luchar contra la actual política de inmigración sin difamar la persona del inmigrante ni incurrir en el racismo. El verdadero ataque de la izquierda, y en esto quizá estén todos de acuerdo conmigo, debe ir dirigido contra la derecha sociológica, que importa carne de cañón laboral para aumentar sus tasas de beneficio, lo único que, junto a la salvación del alma, a los burgueses parece importares en la vida. Los inmigrantes que vienen de países pobres no van a encontrar por esta vía una solución a la situación de sus sociedades de origen. Dichas sociedades permanecerán ancladas en el subdesarrollo por mucho que algunos contingentes de inmigrantes vengan aquí a convertirse en miembros de pleno derecho de la sociedad de consumo occidental. Es necesario demoler el presente modelo social a fin de erradicar la miseria material y moral del Tercer Mundo. Y para ello necesitamos una transvaloración de todos los valores que reconozca la verdad como requisito insoslayable de la existencia humana. Los europeos somos herederos de los antiguos griegos. La antigüedad clásica define nuestra identidad, la razón, que es institucional, no racial. Sólo en dicha inflexión axiológica acontece una auténtica ruptura con el liberalismo. El socialismo no puede funcionar sobre un sustrato axiológico hedonista y utilitarista, es decir, liberal. Este es el gran error de Marx. Para que el socialismo funcione desde el punto de vista económico, la gente debe ser educada desde su más tierna infancia para actuar de acuerdo con imperativos éticos racionales. La felicidad no es un valor cultural. Si el fin de la vida es el bienestar material y la abundancia, entonces el capitalismo ya ha ganado la partida de antemano. Aunque sea destruyendo el ecosistema, las culturas, los pueblos y los fundamentos comunitarios de la vida social, el sistema de mercado siempre producirá más objetos de consumo que un sistema socialista. La cuestión no es, por tanto, la oferta, sino la demanda: si queremos esas mercancías superfluas como requisito de estatus para devenir seres humanos dignos o si las despreciamos en nombre de nuestros propios valores socialistas.


"Creo que la PxC puede estar empezando a tocar techo electoral"

En Cataluña, sobre todo y fundamentalmente, hemos vivido una proliferación de las formaciones identitarias o mal denominadas como de la 'extrema derecha'. Buen conocedor es Jaume Farrerons de esta casuística. ¿Cómo valoraría el resultado electoral de PxC en las últimas elecciones?

Creo que la PxC puede estar empezando a tocar techo electoral. Ha crecido muy rápidamente a base de aglutinar gente que, además de estar en contra de la actual política de inmigración, no tiene problemas morales a la hora de calificarse a sí misma de racista y xenófoba. La cuestión es que la mayoría de los trabajadores no nos sentimos cómodos bajo la etiqueta de racistas ni, mucho menos, de ultraderechistas franquistas. Los trabajadores tenemos miedo de ser estigmatizados en nuestro mundo laboral y entorno familiar si apoyamos a alguien que se muestra con esa imagen de demagogo peligroso que el propio Anglada parece haber aceptado. Los trabajadores, en términos generales, no ven a un radical de derechas, la eterna partida de la porra del capital, defendiendo sus derechos laborales; las mujeres no ven claro tampoco que precisamente un integrista católico deba rescatarlas de las humillaciones sexistas inherentes a la dogmática religiosa musulmana. Y la gente que piensa un poco, aunque sea de vez en cuando, no entiende que se ataque al islam porque la ley islámica vulnera la democracia y los derechos humanos, mientas, a la vez, se está atizando el racismo más pestilente; una actitud condenada por esa misma Declaración Universal de los Derechos Humanos que la PxC quiere supuestamente "salvaguardar" frente a la "amenaza" integrista. La verdad es que a la ultraderecha le han importado siempre "un pepino" los principios jurídicos democráticos, igualitarios y humanitarios en los que ahora se ampara para legitimar, de forma contradictoria, el racismo kukluxklanero de siempre. Lo que pasa es que Anglada está usando y abusando de mi programa, pero en su boca nunca será convincente si sigue insistiendo en el papel de ultraderechista empetrecido que la oligarquía le ha asignado y que él representa gustoso. Los trabajadores rechazan la actual política de inmigración, pero no votarán en masa a la extrema derecha, porque entienden que el remedio es peor que la enfermedad. Al aceptar lo que he denominado el "regalo envenenado" de la prensa del sistema, a saber, aparecer en los medios a cambio de aceptar el calificativo (que es una imputación de delito, no lo olvidemos) de racista y xenófobo, Anglada construía él mismo el techo electoral de su partido. Y con ello le hacía un gran favor al Partido Popular y a CiU. Este hecho, unido a la operación Sarkozy practicada descaradamente por Sánchez Camacho en Cataluña, ha metido a la PxC en el corralito ultraderechista donde la oligarquía quiere tenerla encerrada y controlada en beneficio propio. Sin embargo, la Plataforma, incluso con el actual modelo, seguirá creciendo, aunque quizá a un ritmo más lento. Otra cosa es que pueda gobernar algún día. Desde luego, a Anglada le solucionaría la vida ser parlamentario, si es eso lo que realmente quiere, pero jamás podrá llevar a la realidad un programa de lucha contra la actual política de inmigración basado en actitudes de extrema derecha. Los propios interesados, a saber, los trabajadores, se lo impedirán. Ahora bien, Anglada se toma en serio su causa, creo que es sincero en su empeño aunque se equivoque en las formas. Por este motivo, sugiero que Anglada debe refundar la PxC y, sobretodo, debe reinterpretarse a sí mismo desde cánones políticos completamente nuevos, en lugar de convertirse en una vulgar fotocopia de los eurosionismos al uso.

¿Por qué, a pesar de los 75.000 votos obtenidos, la polémica sigue rodeando permanentemente a Plataforma per Catalunya y a Josep Anglada?

En un partido basado en la personalidad carismática, y encima demagógica, y no en la ideología, la seriedad del trabajo bien hecho, la formación de cuadros y la distribución de funciones entre especialistas en distintas materias, cualquiera puede sufrir la tentación de ocupar el lugar del jefe. "¿Qué tiene de especial Anglada?" se preguntan los que le secundan; "¿Por qué él y no yo?" Es indudable que el modelo de partido promovido por Anglada convierte al número 2 designado por él en permanente candidato a sustituirle. Anglada no tiene "razones" que ofrecer, sino sólo su autoridad. Y dicha autoridad se acata o no se acata. Puede ocurrir que al principio se acate, pero cuando se observan arbitrariedades, irregularidades e incongruencias del individuo, la incapacidad humana de acatamiento totalmente ciego, unida a la callada y oculta ambición de desplazar al leader, desencadenará tarde o temprano el conflicto. Y si Anglada renuncia a nombrar un número 2 y a disponer de otras figuras secundarias al servicio del partido, porque todas ellas representan una amenaza para su frágil liderazgo, Anglada, ayuno de formación universitaria, alguien que tampoco por profesión es especialista en nada, deberá empero ocuparse de "todo", no podrá delegar, a fin de evitar que nadie, excepto él, proyecte una personalidad política definida, aunque sea subordinada y complementaria a la suya. Pero un partido importante jamás podrá funcionar con este modelo caciquil en una sociedad democrática moderna, donde la información representa el factor decisivo. El resultado de tales carencias es el escándalo mediático de las periódicas escisiones, rebeliones y críticas destructivas (las constructivas no se consienten, simplemente no puede haber críticas sin ruptura porque el jefe no las admite de buen grado). Tales críticas, por tanto, tan necesarias en un ambiente sano, no podrán ostentar nunca carácter ideológico o político sustantivo, sino totalmente personalista, con insultos y descalificaciones, como peleas barriobajeras que extreman hasta la obscenidad el ambiente mundano, rabiosamente callejero y anti institucional, que se vive habitualmente en el seno de la organización.

"Mateu Figuerola es un auténtico perezoso y un verdadero analfabeto"

Otra de las formaciones en liza, el Partit per Catalunya, de la que usted además fue el ideológo estatutario. ¿Qué opinión le merece el partido de Mateu Figuerola?

En el año 2008 intenté refundar el proyecto político iniciado por mí en la PxC (y luego abandonado por culpa de Anglada) desde una perspectiva moderadamente de izquierdas. A tal efecto, elaboré el programa político y la mayoría de los documentos públicos del Partit per Catalunya (PxCat), escisión supuestamente "moderada" de la PxC, pero lo que me encontré a la larga en Cervera fue mucho peor que lo ya conocido en Vic. Anglada carece de formación universitaria, ciertamente, pero es un político de verdad, una persona que lucha, trabaja y lidera, mal que bien, su organización. El caso de Figuerola es muy distinto. Se trata de un auténtico perezoso y analfabeto que no contestaba a mis e-mails a fin de evitar la evidencia documental de su absoluta incompetencia en cualquier materia de interés político. Él mismo me reconoció que no sabía nada de nada y que esperaba dejar la presidencia del PxCat "algún día". Figuerola, hasta que llegue ese día, repite de memoria las frases del programa que le redacté como si fueran consignas (que, en su pedestrismo integral, malentiende) y no argumentos susceptibles de exposición razonada. Todo lo que "sabe" el señor Figuerola es que el señor Figuerola "quiere ser president", es decir, ocupar el lugar de Anglada, a quien traicionó de manera vergonzosa por pura ambición personalista y no, como pretende, por diferencias de ideas o de talante moral. Figuerola, es cierto, también tiene claro que es "de derechas", pero no le pregunte usted sobre fundamentos, información objetiva o crítica racional: su derechismo es lo más parecido a un tic neurasténico objetivado en la frase "l'esquerra és el dimoni" (la izquierda es el demonio). Con Figuerola estamos, en suma, ante un típico subproducto de los segundones de la PxC, nutridos en la egolatría imperante en Vic, con un yo hinchado equiparable al del máximo dirigente populista, aunque sin llegar ni de lejos a su capacidad de trabajo. Figuerola necesitaba un programa y yo, ingenuamente, se lo elaboré a jornada completa. Pero luego, como pago, Figuerola enviaba a los medios de comunicación, siempre por su cuenta y riesgo, nota de prensa que eran totalmente incompatibles con ese mismo programa, un documento que él había saludado como un hito histórico en el congreso fundacional del partido. Por poner un ejemplo, el PxCat se define como "partido de los trabajadores" en el programa redactado por mí, pero Figuerola, siguiendo sus instintos derechistas y sin consultar con nadie (el PxCat es algo así como su cortijo) envió una nota de prensa reclamando el despido libre como medio para combatir la crisis económica. Además, firmaba los comunicados a nombre de toda la ejecutiva, sin que el máximo órgano colegiado del partido los conociera y aprobara. Figuerola no sólo carece de toda cultura política, sino que ignora las formalidades que rigen el funcionamiento de una organización democrática y que distinguen a un partido de una empresa privada o, sin ir más lejos, del lavabo de su casa. Finalmente, está la cuestión ética. Yo era consciente desde el principio, en alguna medida, de las carencias culturales del Sr. Figuerola, pero lo consideraba una persona honesta desde el punto de vista moral. Le respeté por su sencillez y campechanía. Me equivocaba. El Sr. Figuerola está repleto de soberbia y miente sin escrúpulos. Así, cuando abandoné el partido a raíz de su vergonzoso apoyo unilateral a la masacre de Gaza, Figuerola afirmó en los medios de comunicación que me había expulsado por antisemitismo y por defender el terrorismo de Hamas, es decir, mintiendo de forma vergonzante e imputándome auténticos delitos sin calibrar el alcance de tan graves afirmaciones. El semanario que publicó sus infundios tuvo que rectificar por temor a actuaciones judiciales. Cuando lo hizo, afirmó expresamente que Figuerola había mentido, pero éste inventó entonces sin pestañear una nueva versión de los hechos totalmente contradictoria con la anterior. Figuerola, en fin, no mostró problemas de conciencia religiosa por la ofensa cometida a pesar de su acendrada fe católica. ¡Si ésta es la alternativa moral a los politicastros corruptos e incompetentes que nos gobiernan, más valdría dejar las cosas tal como están, porque todavía pueden empeorar mucho más! Mi proyecto político se funda en la verdad e incluso en el programa del PxCat se hablaba de la exigencia de verdad como principio ético fundamental de la vida pública, de manera que el Sr. Figuerola, de respetarse la declaración programática de su propio partido, debería ser expulsado por impostor de forma fulminante. Quienes se mantienen a su lado en la ejecutiva, conscientes de ese fraude político que es el PxCat, sólo pueden estar hechos, por tanto, de la misma pasta humana que su "president". En cualquier caso, los trabajadores no deberían confiar en personajes de tales características. Entre Figuerola y Anglada, prefiero a Anglada. Hago esta afirmación con conocimiento de causa y habiendo sido muy crítico con el dirigente de la PxC.

En las municipales... ¿se atreve a realizar algún pronóstico?

Creo que Anglada aumentará el número de candidaturas y la implantación territorial del partido, pero fracasará en su objetivo de ser alcalde de Vic.

¿Qué futuro le augura a corto y medio plazo a su propia formación?

Creo que podemos arrasar una vez quede en evidencia el carácter volátil y poco serio de los populismos actualmente imperantes.

Sr. Farrerons, todo un privilegio y un verdadero placer. Muchísima suerte en su proyecto, le seguiremos de cerca. Gracias por su deferencia con Mediterráneo Digital.

Gracias a vosotros. Si usted me lo permite Sr. Sánchez quisiera subrayar lo siguiente: la verdad es el único valor racional que puede ser compartido por todos sin debate previo, pues quien niegue este punto de partida debe aportar argumentaciones válidas, es decir, verdaderas, y ya ha aceptado de antemano, sin saberlo, lo que supuestamente rechaza en el momento mismo de cuestionarlo. Esta afirmación tiene dos consecuencias, una de carácter ideológico, porque el valor de la verdad define la identidad europea desde los griegos y constituye el fundamento de la ciencia y del progreso propios de la civilización occidental; otra, de carácter organizativo, porque al aceptar la verdad como valor supremo entramos en una exigible dinámica asamblearia y democrática de fundación de la autoridad que debe plasmarse en la estructura misma de la entidad política depositaria de nuestro proyecto colectivo. A partir de ahí, el apoyo a los líderes debe basarse en unos requisitos morales e intelectuales que, lamentablemente, no se dan en la actualidad, motivo por el cual nos hemos visto obligados, después de peregrinar por diversas organizaciones, a fundar la Izquierda Nacional de los Trabajadores (INTRA).

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