jueves, 13 de enero de 2011

Alerta Digital entrevista al presidente de la INTRA


Ante el revuelo social y político creado por la casta nace INTRA, una entidad política de izquierdas, de carácter antirracista, asambleario y laico, cuyo eje principal de actuación estratégica a corto plazo será el cuestionamiento radical, es decir, no folklórico e identitario, sino socio-económico, de la actual política liberal de inmigración y “libre” circulación de mano de obra, según ha explicado su portavoz, Jaume Farrerons, a Alerta Digital.

¿No existen ya demasiados partidos anti inmigración? ¿Qué aporta de realmente nuevo la INTRA?

El izquierdismo y el antirracismo no es poco. Pero el mero enfoque migratorio de la INTRA carecería, en efecto, de originalidad si no se añadiera lo siguiente: la INTRA abordará las causas reales de la inmigración y evitará escrupulosamente incurrir en el racismo y la xenofobia de los populismos al uso, es decir, actuará en dos planos simbólicos complementarios: antiderechismo visceral y simultánea atención a la dimensión laboral, y no sólo cultural, del problema migratorio.

Así, en primer lugar, la INTRA denunciará políticamente a la derecha sociológica, financiera y empresarial, verdadera patrocinadora del fenómeno en cuestión. Nuestro enemigo político, en efecto, y subrayo la palabra “enemigo”, que no “adversario”, es una “derecha extrema”, despiadada e inmoral pese a su acendrado judeocristianismo, que ha traficado con carne humana para abaratar el valor del trabajo autóctono y obtener beneficios en condiciones de semiesclavitud.

En segundo lugar, la INTRA evitará utilizar a la persona del inmigrante como chivo expiatorio de una lacra de la que el propio inmigrante sería, en buena parte de los casos, también víctima. Con una aclaración: no nos temblará la mano a la hora de reclamar la repatriación fulminante de los interesados cuando se trate de inmigrantes que han vulnerado la frontera española con la expresa finalidad de delinquir, de promover el terrorismo o de aprovecharse de los servicios y ayudas sociales públicas sufragadas con los impuestos de todos.

La INTRA operará, por tanto, y de ahí la novedad, desde una perspectiva progresista que no asusta a la gente: la de los trabajadores autóctonos españoles, hostiles a la abyección racista pero al mismo tiempo letalmente afectados por el multiculturalismo y la mundialización liberal del mercado laboral; los trabajadores, bolsa habitual de votos de la izquierda, son las primeras víctimas del dumping (fraude consistente en realizar el mismo trabajo que los autóctonos pero a mitad de precio, siempre en beneficio del capital) y de los barrios degradados por las minorías étnicas extranjeras. Pero ha sido la derecha, y no el islam, la que ha utilizando a los inmigrantes como instrumento de demolición de conquistas sociales que atesoraban en Europa el resultado de un siglo de lucha obrera y sindical.

Debería ser la derecha liberal, y no el islam, la principal fortaleza a expugnar para un movimiento crítico con la actual política de inmigración. Y sin embargo, vemos que habitualmente no es así.

¿Dónde queda la extrema derecha en este escenario?

Se da la circunstancia, no exenta de consecuencia estratégicas, de que es esa misma derecha liberal judeocristiana y biempensante la que está utilizando a la extrema derecha, eterna partida de la porra del capital, para convertir a los inmigrantes que ella misma ha traído, en cabezas de turco de la crisis económica que ella misma ha provocado. Consecuentemente, el primer ataque de la INTRA consistirá en abalanzarse contra el ultrapopulismo demagógico a fin de arrebatarle el monopolio de la crítica anti inmigratoria. Por su complicidad con los poderes económicos, por su alianza con el sionismo, por su pestilente racismo encorbatado y legitimado en una farisaica defensa “de los derechos humanos” frente a la ley islámica (como si a los integristas católicos les hubieran importado nunca esos valores de izquierdas que esgrimen ahora de forma hipócrita), la extrema derecha es también culpable de la “puñalada por la espalda” asestada al pueblo español. Entendemos que éste y no otro es el motivo por el cual los ultraderechistas son en el fondo consentidos por el sistema vigente: que la oligarquía utiliza a dichos sectores, de forma consciente, para estigmatizar y deslegitimar la lucha contra la actual política de inmigración, arrinconándola en posturas que rozan lo delictivo, cuando no son directamente imputables por el código penal. Los populistas de ultraderecha intentan aprovecharse así, como auténticos animales de rapiña lanzados a la arena electoral por la derecha capitalista, de la situación de desesperación que sufren nuestros más humildes compatriotas, todo ello a fin de entrar en los parlamentos e instalarse cómodamente en el parasitismo institucional de la casta política. Siendo plenamente conscientes de que sus consignas, puramente demagógicas, sólo actúan como válvula de escape fraudulenta de la indignación popular, pero nunca podrán ser aplicadas en la política real precisamente por su carácter falsario y delirante, incompatible con la civilización, los demagogos ultraderechistas encarnan la avanzadilla del enemigo conservador al que la INTRA deberá hacer frente.

¿Significa lo dicho que ustedes no contemplan el islam como un problema?

La INTRA se compromete, en nombre de los valores ilustrados de nuestra tradición, a evitar que la cultura musulmana se instale en Europa de forma irreversible, porque entendemos que el islamismo radical, fenómeno autoritario y retrógrado donde los haya, camina en una dirección diametralmente opuesta a la de la democracia popular participativa que pretendemos promover durante las próximas décadas en el solar histórico de occidente.

Por el mismo motivo, carece de sentido que un ultraderechista cuestione los elementos antidemocráticos del islam. El islamismo radical y la extrema derecha judeocristiana son análogos por lo que respecta a su desprecio hacia los derechos humanos. ¡Se puede afirmar que unos y otros adoran al mismo dios intolerante: el de Abraham, llámese Yahvé o Alá!

¿Cuáles son sus fines a medio plazo?

No basta con frenar la inmigración, extirpar las redes sociales terroristas filoislámicas y repatriar a los ilegales. Habrá que dar una respuesta a la crisis económica provocada también, no lo olvidemos, por la derecha. Y para pedir sacrificios a la gente, primero tendremos que dar ejemplo: recortar las instituciones superfluas, como la monarquía, el senado, las comunidades autónomas y los liberados sindicales. Hay que sustituir a toda la clase política actual (unas 80.000 personas) y castigar a los culpables del desastre. Nuestro proyecto a medio plazo pasa así necesariamente por encarcelar a los políticos corruptos de las grandes organizaciones parlamentarias (que han excavado el pozo en el que actualmente se ahoga la clase trabajadora española) acusándolos de “traición a la nación”. Que no esperen de nosotros otra cosa que el uso de la legítima fuerza del Estado al objeto de expropiarlos de sus bienes y de privarlos de libertad para el resto de sus días; pues entendemos que todos ellos, sin excepción, han herido mortalmente a la sociedad española con sus políticas basadas únicamente en el lucro y en la voluntad racista (sionista) de suplantación étnica de nuestros compatriotas.

¿Un partido de izquierdas anti-inmigración?

Lo verdaderamente asombroso es que puedan existir partidos derechistas anti-inmigración cuando ha sido la propia derecha la que ha “importado” a los inmigrantes con las vergonzosas finalidades crematísticas ya expuestas. La irrisión total la hemos podido contemplar en Cataluña al constatar estupefactos que el Partido Popular, con Alicia Sánchez Camacho a la cabeza, intentaba sacar réditos electorales de carácter racista y xenófobo, cuando hace tan sólo unos años los dirigentes aznaristas reclamaban a voz en grito el comercio masivo de fuerza de trabajo tercermundista y condenaban a las catacumbas del nazismo cualquier crítica de este repugnante tráfico de carne.

¿En qué momento se encuentra ahora INTRA?

Estamos en fase precongresual, así que todavía no hemos aprobado un programa y nuestra intención es funcionar de forma asamblearia. Por ello lanzamos un llamamiento a todos los socialpatriotas auténticos, es decir, de izquierdas, y también a aquellos que se sientan hastiados de décadas de ultraderechismo estéril, para que hagan su aportación teórica, política y humana a nuestro proyecto.

¿Han tomado contacto con otras formaciones?

Vamos a mantener una ronda de contactos con todas las formaciones políticas socialpatrióticas a fin de promover un giro radical a la izquierda y delimitar el escenario “bélico” de futuro, fijando de forma clara quiénes van a ser nuestros amigos o meros adversarios y quiénes nuestros enemigos en la etapa de definitiva “ruptura histórica” con la extrema derecha.

¿Cuáles son los pasos que va a dar el partido durante los próximos meses?

Además de los contactos ya señalados, pretendemos completar de manera asamblearia y participativa la redacción del Manifiesto por una izquierda nacional de los trabajadores, cuyos Preámbulo y primera parte han sido ya publicados. Después organizaremos una rueda de prensa de presentación del partido, que se celebrará seguramente en Salt (Gerona).

¿Conoce la existencia de IN?

Sí. Hemos mantenido contactos desde finales de 2009 hasta noviembre de 2010. Pero no se ha llegado a un acuerdo de mínimos y nosotros nos hemos visto forzados, muy a nuestro pesar, a legalizar una nueva sigla de izquierda nacional.

¿Qué opina de este partido impulsado por Junco y Luna?

Tengo razones fundadas, pero largas de exponer en el limitado espacio de una entrevista, para afirmar de forma concluyente que permanecen anclados en posiciones ideológicas ultraderechistas, y ello a pesar de su esfuerzo por envolver la propuesta de IN con un mensaje atractivo para los trabajadores. El izquierdismo de Luna y Junco es puramente táctico; muy fácil, por tanto, de desenmascarar por parte de los medios periodísticos del sistema.

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